jueves, 12 de marzo de 2009

Interín

Fundamental que me crea porque uno no anda diciendo por decir lo primero que se le avecina en la cabeza. Uno dice cosas propias cuando no se las puede guardar, o como comentario; eso, para hablar nomás. Y a veces pasa que la gente no cree, esta bien, que el que no quiere creer que no crea. Pero cuando las cosas pasan son por algo, y en ese algo, esta creer en cómo pasan las cosas.
Me acosté temprano, como una sensación rara, medio sordo por la bulla, los gritos, las bocinas. Las nenas no me decían nada, mi señora menos. No me andaba sintiendo bien desde los otros días con el corte, con la mala sangre que se hace el cristiano en la ruta. Sólo la gente del campo sabe, y ni en el surco uno sufre tanto. Todo el santo día no dejando pasar a nadie para que no nos escuchen. Pasó, se me hizo la hora y me volví para las casas.
De noche, era la una y nada, me levanté rabiado y no sé por qué se me dio por leer. Ahí nomás ya lo estuve al martín fierro ojeando y con la claridad del desvelo de poquito lo iba leyendo. Llegué como quien no quiere la cosa hasta donde el malón se prepara para atacar los fortines... me dormí.
Ladraban los perros seguido como si tuvieran rodeada una bestia y entre que no paraban de ladrar, flechado por el bicho de saber, caminé para la puerta y del naciente despuntaba el sol, malicié que iba a hacer calor en el día. Reté al los perros, ya ladraban de vicio. Vi pasando la tranquera, la alambrada recta, el camino que bordea el sembrado, y lo parejo del surco hasta que de parejo y llano se pierde en el horizonte ancho y sembrado. En ese caminito como que un viento remolinó y así como así creció una nube de polvo que aumentaba de grandor y se venía con toda la furia.
Me vino a la cabeza que el malón se estaba listo. Es un sueño, me tranquilicé diciendo. Y la más chicas de las mías se me para al lado refregándose la visualidad; encandilada por el sol, de rubilinga que me salió. Qué pasa papilo, creo que me dice y yo desconfiándole a la cosa que venía, me doy por enterado que no es sueño, que los perros ladran por algo y que mi hijita esta despierta al lado sin poder mirar lo que yo miraba. Guardé a la nena y saqué la escopeta, no había caso, contra el sol no podía distinguir cómo ese redondel de tierra se arrimaba.
Lo perdí, los perros salieron a la tranquera y me fui ciego con ellos, sintiendo un ruido muy suavecito a motor entre el ladre y la tierra. Mi amigo, guarde balas para luego. Era la voz de Don Weinberg que se apersonaba bajando de la camioneta cero kilómetro. Ni ruido le hacía el motor o yo seguía con la sordera. Vamos, escápese con la familia, ensille caballo o suba que lo llevo. Y los perros mearon las gomas y se fueron al trote como para atrás de las casas. Pero qué pasa por qué tanto apuro, dije. Pasa se nos vienen. No me diga Don Wein, viene el malón; y me agarré a reír solo de esa pavada me que se me vino al mate. El gringo de serio subió a la camioneta- Sí mí amigo apúrese que se nos vienen los indios a despejar la ruta, los camioneros vienen bramando de la ciudad, arrasando con el campo. Como a diez kilómetros están...

By quinito

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